jueves, 2 de marzo de 2017

Tan sordos y tan ciegos estamos que se agradece escuchar obviedades, cosas sabidas o intuidas pero que, dichas desde la tarima por boca de alguna autoridad, nos reconfortan, nos ayudan a sentir que no estamos tan solos. Digo esto a propósito del curso sobre cómo cuidar el talento y fomentar el desarrollo de las altas capacidades, un foro al que como profesor reconvertido en alumno he asistido durante toda la jornada. Dos conferencias de interés: la de la mañana, "Cómo educar en el asombro", a cargo de Catherine L'Ecuyer; la de la tarde, por Javier Tourón, bajo el lema "El talento que no se cultiva, se pierde". Lleno seis folios de notas a mano para registrar unas pocas -y definitivas- verdades. Estoy agotado; a mi edad, los cursos intensivos son letales. Mañana añadiré algo más.