miércoles, 16 de agosto de 2017

A propósito de Pavese, pocos títulos más insulsos y desganados, más antipoéticos, que aquel que el autor piamontés quiso dar al conjunto de sus poemas: Lavorare stanca.
Lo que cansa es viajar, que a fin de cuentas es un trabajo que implica a todos los miembros y sentidos, y a todos los exacerba y los pone al límite bajo la bonita excusa de la novedad. Cansan los más bellos paisajes, las maletas que no cierran, los enclaves de postal anacrónica, los transportes masificados y sin aire, las expectativas y propósitos, el miedo a perder el avión, un simple caffé en una piazza céntrica, el niño que se rebela y grita y llora y nos desquicia, algunos paseos sin tiempo por la parte antigua, la maldita maleta que sigue sin cerrarse y hasta una cena elegante entre tú y yo.
Todo cansa, mas todo esculpe la memoria de lo vivido y compartido.
Viajar es un trabajo muy cansado.

martes, 15 de agosto de 2017

Ferragosto es como una institución del almanaque italiano, el día que sesga el mes y marca un antes y un después en las vacaciones y en la estación del calor. Las ciudades se quedan semivacías, fantasmales, los establecimientos cierran por una o varias jornadas y todo el que puede se va a la playa o al campo. En Salerno también se nota, pero menos que en las grandes urbes del interior.
Creo que fue Natalia Ginzburg, creo que en una página precisa de Léxico familiar, quien apunta al ferragosto turinés de 1950 como la causa pasiva del suicidio de Pavese, su amigo.
Cetara es un pueblo de la costa amalfitana (Amalfi es otro, más importante) que queda a unos once kilómetros de Salerno.
El acceso en autobús, ayer, se complicó más de lo habitual por la cantidad de pasajeros (tantos sentados como en pie, sin contar los que se quedaban en tierra sin poder subir y gesticulando improperios) y por las retenciones de tráfico al tratarse de un día crítico, víspera de ferragosto. El hombre de al lado se empeñaba en hablarme mientras yo sujetaba a duras penas a Darío y sufría por su madre, ubicada en el otro lateral, con vistas al acantilado. Una estampa tercermundista sin salir de Europa, en la paradójica Italia.
Nos apeamos al cabo de una hora de giros en ascenso, bocinazos y promiscuidad de fragancias. El sol caía pleno, de plano. La fila de casas se adentraba en la ladera siguiendo el curso de la calle principal, la misma que por el otro flanco nos desembocó en una placeta con sombras frente al puerto y la playa. Comimos como pudimos, aunque bien y barato, en un banco público privilegiado, un poco por encima de los cientos de cuerpos arracimados bajo las sombrillas de pago, algo más lejos de los espolones de piedra y cemento que albergaban a su vez a decenas de pingüinos y pingüinas en traje de baño.
Lo mejor fue el regreso en barco, en apenas quince minutos, mirando (palabra de Darío) las montañitas que forman las olas y el jabón de leche que va dejando su estela a nuestro paso; y también, arriba, rozándonos casi, la maniobra de las avionetas que amerizaban unos segundos para llenar los depósitos que arrojarían después sobre alguno de los incendios próximos, seguramente intencionados.

domingo, 13 de agosto de 2017

Retales para hilvanar unas memorias:
16. A ESTE LADO DEL TIEMPO.

viernes, 11 de agosto de 2017

Si adquirir caprichos y mercar objetos disipa tus penas, arruínate. O págale a un psicólogo que te arruine igualmente.

jueves, 10 de agosto de 2017

No es lo mismo no pedir consejo que no dejarse aconsejar. Lo primero puede ser orgullo. A lo segundo, más cerril que el orgullo, todavía le estoy buscando nombre.
Imaginaba una ciudad distinta, más vinculada a las labores del mar, más enraizada y más sureña, más caótica también, con hombres y mujeres gesticuladores y grandilocuentes, desvergonzadas y gritonas ellas, ellos remilgados en su pose entre cortés y machista, prototipos ambos de cualquier cinta neorrealista y sometidos a los cuatro tópicos de la región. Pero lo que poco a poco descubro es una ciudad como otra, con su ruido de motores y sus problemas de tráfico, con gentes que pasean ociosas por las calles de agosto mientras manejan sus teléfonos móviles, con nombres de tiendas que ya conocía y sucursales de establecimientos que sirven sus productos, sus marcas, en todo el mundo. Las modas del vestir y los hábitos cotidianos, domésticos, son los mismos aquí y allá, y hasta los olores y los sabores se han uniformado. Es la llamada globalización del planeta, que está acabando con las diferencias esenciales, con la artesanía originaria, con lo genuino intransferible.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Si la vida dura, hay en ella un momento a partir del cual el destino ya no está por delante; ni siquiera camina a nuestro lado, como la sombra exacta de lo que vamos siendo, sino que lo sentimos como una mole que llevamos atada al pie y hemos de arrastrar con nosotros, cargando con su peso imposible, remolcándolo sin esperanza.

martes, 8 de agosto de 2017

El tramo en tren de Roma a Salerno tarda tres horas. En nuestra carrozza viaja un bebé de rasgos asiáticos que no para de toser, ante la sonrisa fija del papá que lo abanica y la mueca de preocupación de la madre. Al poco ingresan dos gemelos hiperactivos de unas dos primaveras cada uno que mantienen entretenido a todo el pasaje y que no dejan sentarse ni un segundo al padre y a la nonna, cuya paciencia (ella) y resignación (él) bien pueden apropiarse la infinitud (tamaño Job) y el más cristiano de los tópicos. Bajan en Nápoles, larga parada que coincide con un fallo muy sensible en los circuitos internos de aire acondicionado. Llegamos a Salerno al tiempo en que se enciende la Luna, como apuntó Darío con clarividencia lírica.

domingo, 6 de agosto de 2017

Retales para hilvanar unas memorias:
15. PAÍS DE VERGÜENZA.

sábado, 5 de agosto de 2017

Llena, la Luna
reinventa il Colosseo
todos los meses.

viernes, 4 de agosto de 2017

De un taxista que te cuenta su vida en cinco minutos a otro que no manifiesta ningún signo de humanidad en veinte. Nunca sabremos qué es peor, qué nos incomoda más como usuarios. El gremio del taxi no conoce término medio.
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En el aeropuerto me sorprende la cantidad y la variedad de cuerpos tatuados que circulan por el mundo, una moda que cuando yo era un crío solo se practicaba en ambientes zafios, barriobajeros, sin pedigrí ni estilo.
En la ciudad, lo más llamativo es la globalización (léase idiotización) digital, la ineludible necesidad de fotografiar y enviar todo, a menudo autoincluyéndose uno mismo mediante la ortopedia del palo que alarga la mano y activa el mecanismo ultranarcisista de la imagen inmediatamente compartida.
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Al menos en mi caso, el viaje y la lectura no son actividades compatibles. Me temo que la escritura al modo tradicional, con cuaderno y bolígrafo, tampoco.
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En el cielo no hay cobertura.
Después de dos taxis, dos autobuses y un avión, anteayer volví a pisar el pétreo adoquinado de Roma por tercera vez; las otras fueron en 1993 y en 2009. Llegar al destino y que todo esté en orden, pese a las complicaciones que van surgiendo, es siempre un alivio, más si se viaja con un niño. Dejo atrás alguna intuición pasajera, alguna idea rumiada para no se sabe cuándo. Salve!

jueves, 3 de agosto de 2017

Mientras me preparo para el viaje, me entero de la muerte de Sam Shepard, de quien nada sabía salvo la familiaridad de su nombre en un recodo de la memoria. Luego caigo en la cuenta de que, en mi adolescencia, me llamó la atención y leí una obra de teatro cuyo ejemplar había llegado a la biblioteca del pueblo: Locos de amor.
Títulos y nombres, palabras con su huella imperdible, caligrafías del olvido.