miércoles, 8 de marzo de 2017

Aburrido, tecleo en el buscador mi nombre y apellidos -tan común, tan corrientes- y a continuación las cuatro sílabas del pueblo donde nací, y espero a que se ilumine la página. Una remota amalgama de narcisismo y curiosidad mueve mis dedos.
De inmediato descubro que Pedro María López Martínez fue profesor de Filosofía y catedrático de Metafísica en La Habana, Sevilla y Valencia, que nació en Moratalla (Murcia) el primero de agosto de 1861, hijo legítimo de Pedro y de Vicenta, y que falleció hacia el año 1934.
Durante la larga etapa valenciana tuvo entre sus alumnos más notorios al también filósofo José Gaos González-Pola -"una vez tuve que visitarle en su casa y me recibió en su despacho y biblioteca, donde vi que ésta se componía de unos cuantos libros sueltos y, ocupando prácticamente todas las estanterías, que ocupaban a su vez prácticamente la pieza –cierto, reducida–, la colección, encuadernada, en gruesos volúmenes –no olviden, por Dios, que era profesor de Lógica Fundamental y de Teoría de la Literatura y de las Artes–, del Blanco y Negro, la revista de las buenas familias españolas, burguesas, católicas y poco letradas. A pesar de todo lo cual, perseveré en mi entusiasmo por la Filosofía"-; al literato Vicente Lloréns Castillo -"de rostro rojizo, barba blanca, bajo de estatura, pero macizo y grueso, una vez en un hotel se lavó la cara en un bidet creyendo que aquello era una palangana especial"-; al poeta Juan Gil-Albert -"rubicundo y en bloque, nos iba soltando su plúmbea explicación de Lógica que no era, al pie de la letra, sino el texto impreso del grueso volumen que tenía delante"-; o al abogado Rafael Supervía -"que Dios le haya perdonado"-. Según se desprende de las citas que entrecomillo, no guardaban de él un recuerdo lo que se dice afectuoso.
Discúlpese la distracción que nos ha traído hasta este individuo, activista católico y ultraconservador (o viceversa), del que nada sabíamos. Anacronías del paisanaje que solo podía satisfacer el milagro de Internet.