miércoles, 1 de marzo de 2017

El único aprendizaje, el que nos hace más o menos sabios en esta vida -hecha la excepción de la prudencia-, es el que se limita a distinguir lo realmente importante de lo que realmente no lo es. El proceso es largo, pero, a poco que duremos, la experiencia comprobará cómo crece el listado de lo que no vale la pena, de lo que importa poco o nada, mientras que la larga suma de lo que tanto nos importaba en otro tiempo se va estrechando día a día, minimizando su espejismo. La meta es entender que apenas importan -de verdad- dos o tres cosas; quizá tan solo una. O quizá ninguna.