jueves, 16 de febrero de 2017

"Nos separan tantos metros de biblioteca...", solía decir al principiar el curso un catedrático soberbio, un pobre hombre. Qué fácil y tentador es a veces mirar por encima del hombro, sonreír hacia adentro con suficiencia y cinismo, marcar distancias intelectuales afirmándolas en la complicidad del grupo, añadir a la estupidez más estupidez, juzgar sin conocer el contexto. No hay que hacer sangre de la ignorancia de los otros, de su estulticia probada. Pienso ahora en Diego Armando Maradona, exfutbolista notable y poco más.