lunes, 13 de febrero de 2017

Continuamente, el manantial de los días nos surte de ese agua de la que en alguna ocasión dijimos que nunca beberíamos. Muchas veces a lo largo de mi vida -casi tantas, supongo, como decepciones acumulo- me he propuesto en solemne secreto no volver a competir en un concurso literario, no perder mi tiempo ni malgastar mi energía en una liturgia en la que no creo, no atizar para mí ni para otros ese futuro ilusorio y baldío, ese atajo sin salida, ese espejismo. Puede creer quien esto lea que, a día de hoy, vivo libre de pecado, así que no pido confesión ni preciso penitencia. Pero el ego es vulnerable, y más el del artista que negocia su gloria más mundana.