viernes, 17 de febrero de 2017

Ataraxia es una palabra de origen griego que aprendí en El árbol de la ciencia, la novela de Pío Baroja que llevábamos como lectura obligatoria los que estudiamos el antiguo COU. Quizá es por eso que siempre que la pienso o me entretengo en paladear su música me resulta indisociable de la peripecia humana y del destino literario de Andrés Hurtado, el protagonista. El de ataraxia es un soplo de sonidos que me relaja, que me lleva a su terreno semántico, que me envuelve como una promesa de tranquilidad. Ataraxia: casi me basta pronunciarla para estar allí, en ella o con ella o sobre ella, como si fuera un lugar o una voluntad o un descanso. Si se me diese la oportunidad de inventar una isla la llamaría así, Ataraxia.