jueves, 7 de noviembre de 2013

ME SORPRENDE LA SORPRESA

Después de tantas novelas y de tantas películas de espías, me sorprende la sorpresa con que los altos dignatarios y mandatarios de las políticas y de las finanzas de este globalizado mundo acogen las informaciones sobre los laberintos sutiles del espionaje internacional. Si Kafka y Orwell salieran un rato de sus tumbas y desempolvaran sus historias, si a Le Carré y a otros especialistas del género les preguntaran sobre las tramas posibles de nuestro delirio electrónico... Me sorprende tanta sorpresa, de verdad, tanto aspaviento inocentón, tanta pose de rasgadas vestiduras, tanto hacerse de nuevas, porque por mucho que lo intento no soy capaz de concebirlos tan rematadamente ingenuos.Y nosotros, los de abajo, los ciudadanos de a pie, asistimos al alboroto mediático de esos prohombres (y de alguna promujer también) desde una distanciada incredulidad, como si no lo supiéramos todos, ellos y nosotros, como si hiciera falta que alguien venga a confirmar ahora que se nos espía a diario, a cada instante, y que cuando no se nos espía es porque no les interesa espiarnos; resulta que para nosotros, sin echarle mucha imaginación, es una realidad asentada desde hace tiempo y desposeída de cualquier misterio. Es de lógica que los servicios de inteligencia se espíen entre sí y que vigilen a los ciudadanos, para eso están, y más en nuestro tiempo, con tantos recursos de la alta tecnología a su servicio, con tantos datos de usuarios enmarañados en la causa de las redes sociales y asociales, esas que todos manejamos a cada instante, desde cualquier punto del planeta.