lunes, 15 de septiembre de 2008

MI POEMA MÍO FAVORITO

no sé cuándo lo escribí, ni sé cuántos años he tardado en escribirlo, ni si está terminado. Dice así:

Has surgido del barro que hoy te vence en las alas.
El azul de este cielo que rozas se anticipa a toda labor tuya:
Es la imagen del sueño que alguna vez tramaron
Las manos extendidas de una mujer y un hombre.

Los dos -el hombre y la mujer, sus manos-
Son barro aún, barro orgulloso del vuelo que inventaron
Para ti, desde abajo.
Los dos -el hombre y la mujer, sus manos-
Son el barro que hoy vuela desplegando tus alas,
Redención necesaria de su altura imposible,
O penosa victoria de esa fe inquebrantable,
De esa agónica forma que sostuvo su abrazo.

Pedro, has surgido del barro. Las alas
Que hoy te abruman con su peso suicida
Son el triunfo de entonces, la certeza de un vuelo
Por otros, para ti, soñado.

A mi poema mío favorito le puse un título que todavía tolero: Parábola del barro y la paloma.

3 comentarios:

Sebastián dijo...

Barro en las alas, alas que pesan, barro que vuela, "barro orgulloso del vuelo que inventaron" el hombre y la mujer...

Desde luego, no me extraña que sea tu favorito, porque es profundo, bellísimo y muy original (y nos remonta a los orígenes, no sólo a los tuyos, sino a los de toda nuestra civilización).

Y qué ritmo, qué bien fluyen los versos...

Tal vez la palabra "paloma" en el título (en el poema no aparece) acota en exceso el vasto y hondo territorio (real e imaginario) del poema. Yo lo titularía "Parábola del barro" o "Parábola del barro y de las alas".

!dulaS

Pedro López Martínez dijo...

Te agradezco la observación sobre el título; pero, sobre todo, que ponderes el ritmo y la fluidez de los versos: viniendo de un músico y poeta, que además hace coplas, se me antoja una doble tentación para la vanidad, que nunca descansa.
Yo creo que lo que me gusta de este poema es la presencia unívoca de la voluntad ingente de una generación (la de mis padres) que ya declina, pero que ha podido ver el fruto de su esfuerzo en el progreso de los hijos; hijos que, como yo, a menudo olvidan esa deuda "original" y no valoran el significado profundo de su vuelo.

!dulaS, sabeS¡

carmen dijo...

Ya te dije el martes que no valemos ni la mitad que nuestros padres. Aunque ya conoces mi tendencia a la hipérbole, y seguramente si valemos la mitad, creo que ellos son los últimos de una estirpe de héroes anónimos y domésticos, con tierra, barro (no asfalto) bajo sus pies donde firmemente nos han parido y todo el cielo para nosotros. Esto lo pensaba yo mientras me comía un tomate que me va a impedir comer otros tomates durante algún tiempo.