domingo, 3 de mayo de 2009

LA MÁS COMÚN DE LAS MUERTES

Años atrás subrayé en una novela de García Márquez que "nada se parece tanto a una persona como la forma de su muerte", y admito que esa idea me ha rondado el pensamiento cada vez que he tenido que atender de cerca a la muerte.
Formas de morir hay muchas (no así de nacer, cuyo abanico es limitado), pero hoy se me ocurre que la más común es también la que nunca aparece en las estadísticas: me refiero a la muerte en vida, a esa renuncia paulatina que circula entre la desilusión y el tedio y que, enferma de amargura, consume sus días lamentando la irreversibilidad del tiempo ido y la minucia de tiempo que a uno le queda para seguirlo lamentando.
Morimos en vida cuando se nos agotan los sueños, cuando el conformismo nos lleva el pulso, cuando perseveramos en los peores hábitos del ser que nunca creímos que llegaríamos a ser, cuando alegamos cualquier excusa para dejar de crecer, cuando ni siquiera buscamos esa excusa. Es una muerte que no tiene edad, pero que se ensaña sobre todo con aquellos que se afanaron en blindarse frente al azar y las pasiones.
Miremos a nuestro alrededor y mirémonos a nosotros mismos: no hay duda de que la muerte en vida es la más común de las muertes.

3 comentarios:

Vargas dijo...

Pues sí, amigo Pedro, creo que ésta es la forma más común de estar más o menos muerto entre los que aún estamos coleando. El mundo está lleno de esta suerte de zombis que, en mayor o menor medida, somos todos. Y tal vez resultase interesante conocer en qué porcentaje éstas muertes parciales (desilusión, tedio, amargura, conformismo) son suicidios, homicidios negligentes o puros asesinatos. Porque yo creo que hay un poco de todo. Entre mis difuntas ilusiones (que en paz descansen, pobrecicas mías), algunas las he matado o las he dejado morir yo, desde luego, pero también he enterrado alguna que otra porque me las han asesinado a sangre fría, con premeditación, alevosía y, sobre todo, como mucha mala follá (de las que me han matado con buenas intenciones ni te cuento). Y yendo aún más allá en esta especie de autopsicoanálisis de la señorita Pepis, no descarto en absoluto haber mandado al otro barrio muchas ilusiones ajenas, esperanzas y confianzas que otros (con no poca ingenua imprudencia) habían puesto en mí. Y es que, por activa o por pasiva, todos hemos dejado muchas cosas en la senda que nunca se ha de volver a pisar. Y vale, que ya me duelen las manos de tanto cincelar frases en mármol. Fuerza.
(Enhorabuena por el derby del otro día)

Pedro López Martínez dijo...

Saludos, Antonio.
El cincelado mármol de tus frases siempre será bienvenido a este espacio que reclama advenedizos reflexivos como tú.

(En cuanto a lo otro: por un día, el fútbol se hizo luz, e hizo justicia. Pero ya no me atañe, siendo como soy carne de perdedor).

Sebastián dijo...

Efectivamente, Pedro, Antonio... Quien más y quien menos ha tenido o tiene miedo a la libertad y piensa y actúa como un zombi. Pero hay grados y grados. Conozco a gente que sólo se siente viva estando muerta, personas que para estar bien necesitan estar mal porque se sienten mal estando bien. Siempre van de víctimas, pero son unos tiranas. Personas amargadas que viven sólo para amargar a los demás. Mueren matando. Por eso tal vez la más común de las muertes no sea la de los que se dejan morir, sino la de los que se dejan matar.