sábado, 9 de mayo de 2009

ÁLBUM DE CROMOS

Somos restos de un sueño
que no nos consultaron,
mas sueño al fin, pues restituye intacta
nuestra antigua querencia,
y al hombre que hoy seremos le revela sin trampa
que triunfos y derrotas son fórmulas triviales,
resignados sumandos
que ni pautan ni estorban
la única y postrera y fatal claudicación:
sentir ya para siempre
que no volverá nunca
la hierba rediviva de aquel cielo perfecto,
de aquella fe del niño bajo el color del mito
-camiseta con franjas y un escudo en el pecho,
y un número a la espalda,
y un balón cuyo cuero
untábamos a veces
con sebo de caballo.

Pero el sueño se eleva sobre llaves y olvidos,
rehabilita sus cauces imperiosos, indemnes,
si hoy de pronto descubro
-mientras busco otra cosa en la casa del tiempo-
aquel álbum de cromos
que llené con mi primo...
que llené con mi primo un otoño imposible
de un año que se aleja
-tal vez el mismo otoño doblegó al Dictador-,
y en mi pecho se agita la impagable ventura
de inventar un remate desde fuera del área
y un centro a la cabeza desde el córner,
y un regate tras otro,
de repente admitido por los restos intactos
de ese sueño alquilado
que no nos consultaron,
de aquel sueño de entonces
-el más alto y más noble que rindió nuestra vida-,
la ventura impagable,
la verdad absoluta de vestir ese atuendo
y salir a la calle de un sábado pretérito
con las medias caídas al cuidado descuido,
y saber no sé dónde
que uno vuelve a ser Neeskens,
Rexach, Marcial, Asensi
o tal vez Johan Cruyff.

8 comentarios:

carmen dijo...

Qué delicado y sentimental este poema (de los que a mí me ponen)Recuerdo haberlo leído antes. Me gusta el aroma a La vida es sueño y Hojas de Hierba que desprende.
Aprovecho para pedirte disculpas por cachondearme de la victoria del Barcelona frente al Chelsea pero, al contrario que tú, en el sueño de mi infancia hay terribles pesadillas de aburridísimas tardes de domingo en las que ni siquiera podía recurrir al consuelo de los dibujos animados porque mi señor abuelo tenía que ver el partido y eso era sagrado. Aunque, bien mirado, esto contribuyó mucho a mi afición por los libros. Vaya, nunca había pensado que tenía algo que agradecerle al fútbol.

Vargas dijo...

En cierto modo quintaesencias en este poema alguna de las ideas de la entrada anterior, sobre todo la pérdida de sueños e ilusiones. El tiempo (la vida) quebranta la fe ciega en los héroes y los mitos (generalmente deportistas o cantantes, aunque también personajes de ficción) de la infancia. A mí no me gustaba el fútbol, pero creía en el Virginiano, en Maziste, en Meteoro, en el Príncipe Valiente. Creía en ellos hasta el punto de que me creía ellos. Con frecuencia jugaba a soñar que era, por ejemplo, el imbatible Meteoro en su Match 5 (habría que verme corriendo por la calle, las manos en ademán de agarrar un volante, simulando con la boca el sonido del motor). Ahora, sin embargo, no me emocionan en absoluto las gestas de Fernando Alonso, y mis conocidos se suelen burlar de mi lentitud y torpeza al conducir. En fin, sigue buscando el tiempo perdido, amigo Pedro. Seguro que todos saldremos ganando poemas como éste.

Pedro López Martínez dijo...

Mamen, no hay razón para la disculpa. Como ya sabes, yo soy un aficionado que vive el fútbol en su justa dosis, y que jamás confundirá esa querencia con lo que muchos quisieran que la confundiera. Además, como escribió el otro Machado, "no gozo lo ganado ni siento lo perdido", así que los partidos se me suelen olvidar a los cinco minutos del pitido. De todas formas, tratándose de lo que se trata y si se hiciera un estudio historico, sé con plena seguridad que más de la mitad de lo trofeos nacionales e internacionales que acumulan en sus vitrinas algunos clubes deberían ser devueltos ya mismo, por un quítame allá ese penalti o aquel fuera de juego. Te recomiendo el artículo en caliente (pero sorprendentemente calmo y, a mi juicio, cabal) que colgó en su blog al día siguiente de lo del Chelsee el amigo Ángel Paniagua. Por lo demás, todos tenemos algo que agradecerle y algo que reprocharle al fútbol (porque está en nuestra cultura como lo está la religión misma), seamos o no futboleros (seamos o no religiosos).

Antonio, te agradezco la valoración positiva de este poema que no es en modo alguno partidista, aunque pudiera parecerlo: de hecho, cualquiera podría jugar a cambiar las franjas por el liso y los cuatro nombres por otros cuatro que reúnan el mismo número de sílabas, y tendrán "su" poema si así les place. Te añado que yo nunca soñé con ser jugador de fútbol (tenía cierta habilidad, pero también miedo al ridículo y a ser observado por la grada y a la patada del contrario): mi sueño era ser jugador del Barça -culpa de los dos Johan: Neeskens y Cruyff.

carmen dijo...

Dije que Album de cromos me recordaba Hojas de Hierba: craso error achacable a un cortocircuito entre el poema de Whitman y la peli de Elia Kazan donde oimos en boca de la protagonista el poema de W. Wordsworth.
Subsano por tanto y dejo el poema

“Pues aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre"

Miguel Ángel Orfeo dijo...

Hermosísimo poema, Pedro. Verso a verso he sentido esa misma nostalgia, generacional al fin y al cabo. Incluso me he visto, quiero decir, he visto al niño que yo fui y he sentido eso mismo, que aquel sueño de entonces fue el más alto, el más noble que rindió nuestra vida. El más puro. Y es que el poema entero es como un álbum que amarillea, pero donde no falta ningún cromo. Me he visto en él, por ejemplo, con el balón bajo el brazo, en la carnicería, pidiendo el sebo de caballo y untándolo después en las junturas del reglamento (por entonces pensaba que el balón no era de cuero, sino de reglamento) y me he visto planchando el número en mi propia camiseta de franjas colchoneras, el 9, demasiado bajito para ser delantero centro, me decían, y a mí qué más daba, ¡yo era el ratón Ayala! Luego, es verdad, los mitos se fueron quedando en un cajón perdido de la cómoda vieja, esa “casa del tiempo”, y el intelecto fue sintiéndose culpable de esa pueril pasión, del sueño agazapado “que no nos consultaron”, y por eso le impuso no sufrir, no llegar a pintarse la cara de bandera y, por supuesto, sentir como triviales triunfos y derrotas, es decir, domar con la razón el sentimiento. Aunque hay a quien el mito se lo pone muy fácil. Imagínate aquellos que fueron un tal Luis Aragonés, ese señor al que no le cabe ni el pelo de una gamba por el... en fin.

Como hace ya tiempo que no aparecía por aquí, aprovecho para enviaros un afectuoso saludo, especialmente a Carmen, que ha poco se acordó entre paréntesis de mí.

Pedro López Martínez dijo...

Apreciado Orfeo, me ha conmovido la lectura que haces de este poema, porque en algunos aspectos has querido ir más lejos de donde mi memoria supo llegar en un principio. Es verdad, los balones eran "de reglamento" e íbamos a la canicería a pedir sebo; y echábamos nuestros partidos en cualquier bancal, o en la ladera del cerro, o a lo largo de una calle de estrecheces árabes que culminaba en sus extremos con las dos porterías sin larguero. Ahora veo jugar a mi hijo en césped artificial, con porterías y redes de verdad, con equipación completa que no excluye ni espinilleras, y siento que irremediablemente él se está perdiendo aquella magia artesanal (de vez en cuando aquellos niños de ocho o diez años segábamos los juncos que crecían en el córner).
Cuando citabas al ratón Ayala mi memoria fotográfica me ha traído otros nombres, como Leal o Marcelino, y Gárate, y Rubén Cano, y el portero Pacheco, o Reina (padre del actual), y aquel negro un tanto exótico para la época, Luiz Pereira. Con todos estos nombres y con los que tú sabrás añadir, ya puedes rectificar a la gloria de tu sueño los últimos versos del poema, pues (lo cual espolea mis secretas simpatías) observo que tu equipo capitalino compartía franjas verticales con el mío.

Me alegro de volver a leerte por aquí.

Salud!

Sebastián dijo...

Este poema me parece, en todos los sentidos, una auténtica filigrana. Dicho en términos futbolísticos: un gol por toda la escuadra. Enhorabuena y... ¡gracias!

Pedro López Martínez dijo...

Qué poema más agradecido! Me congratula (sic) que lo hayáis entendido y sentido como yo quise comunicarlo, sobre todo como quise comunicarlo para mí mismo, porque muchas veces me sorprendo de la irracionalidad de mis pasiones, y este poema me alumbra cuando necesito reconciliarme con esa parte de mí que es incluso anterior a mí.

(Por cierto, Javier, si pasas aún por aquí te diré que, para mí, Cruyff es al fútbol lo que Woody Allen al cine; así que no me lo toques, porque tengo en mucha estima a Woody Allen).