martes, 1 de septiembre de 2009

¿PARA QUÉ?

Escribir es siempre pretencioso, pero a fin de cuentas un gesto íntimo que en determinadas ocasiones se torna, además, inevitable, necesario. Publicar, en cambio, es transigir a la vanidad para provocar el efecto patético del elogio o, como mal menor, para satisfacer la tristeza burocrática de un currículum, de un cartel anunciador en la feria literaria. Pero lo más ridículo, al cabo, es leer solemnemente para otros lo que uno ha escrito -hablo de la parafernalia del micrófono, del botellín de agua, de la erótica del púlpito-, porque entonces se revela la farsa toda en la amplitud social del evento, y aquel impulso pretencioso desciende al submundo de las frivolidades, a los terrores de la complacencia.

4 comentarios:

Quique Baeza dijo...

Uno de los profesores que me marcó en el Instituto fuiste tú. Yo era un chavalillo carmelitano que iba con mis libros al Instituto pensando en aprender, aparcando las imbecilidades que cualquier zagal también incorpora en su mochila (videojuegos, tías buenas y fútbol). En eso creo que era diferente, buscaba la luz de los profesores y uno de los que me iluminó fuiste tú.

Recuerdo al gran Félix (Latín), a la luchadora inextricable Ana (Griego) y especialmente a ti.

Un buen profe, un tipo que defendía la literatura y que confiaba en los alumnos más allá de la fachada (esa en la que se quedan muchos maestros que no tienen vocación ni consideración con críos que necesitan a veces un poco de empuje).

Un abrazo, al caer en tu espacio internetero y leer tu nombre se me ha dibujado una sonrisa. Hacen falta más profesores como tú, don Pedro. No te olvida uno de los tantos que nació en 1982 y que no estuvo de paso en tus clases de Literatura.

Pedro López Martínez dijo...

POR ALUSIONES

Joder, tío! Qué puedo decir, sino que me halaga y me sorprende que pasada una década alguien diga de mí cosas como las que tú dices. He de reconocer que después de tres lustros en la enseñanza, mis fuerzas y mi autoestima a la hora de afrontar una clase ya no son las de entonces; así que me reconforta que te acuerdes de mí, que con el paso del tiempo hayas valorado mi trabajo. Seguro que este simple gesto tuyo da algún lustre a mis alicaídas alas (nunca mejor dicho). No quiero regodearme públicamente, pero te agradezco tu paso por mi blog y me alegro de saberte ya periodista.
Saludos y salud, Quique!

El color del viento dijo...

Estoy de acuerdo contigo, aunque yo no lo hubiera podido escribir tan bien.

Sebastián dijo...

Siempre que leo en público lo que escribo siento como si hiciese un striptease del alma. Me consuelo pensando en que algo bueno tendrán también los stripteases. En todo caso, entiendo cuanto dices (porque yo también lo he sentido muchas veces); pero hay lecturas y poemas que compensan y superan todo eso: la pretensión, la vanidad, el patetismo, la parafernalia del micrófono, el submundo de las frivolidades y los terrores de la complacencia (¡anda que no te has quedado descansando!), del mismo modo, estoy seguro, que comentarios tan emotivos como el de tu antiguo alumno te recompensan por todos tus esfuerzos y sinsabores en tu ya larga trayectoria profesoral.

Por cierto, mi mejor profesor también se llamaba Pedro.

!dulaS