viernes, 27 de marzo de 2009

ESTABA DESEANDO HACEROS ESTAS PREGUNTAS

¿Somos soberanos de las emociones que nos llevan y nos traen por la geografía de la vida? ¿Lo somos de nuestras inclinaciones y de nuestras inhibiciones sensitivas, polos opuestos de una misma tentación?
Y, si se ha respondido a lo anterior, ¿somos dueños y, en tal caso, responsables -en la culpabilidad o en la inocencia que dictan las leyes no escritas- de los actos que de tales sentimientos y emociones se deriven?

7 comentarios:

Sebastián dijo...

¡Caray con las preguntitas! No me hagas mucho caso, pero creo que somos nosotros quienes llevamos y traemos las emociones que conforman nuestra geografía vital y, por tanto, nuestras inclinaciones y nuestras inhibiciones sensitivas; luego somos dueños y responsables y también culpables o inocentes de los actos que de tales emociones se deriven. Sobre todo ante nosotros mismos. Pero estas son cuestiones de ética personal... Podemos hacer (y hacernos a nosotros mismos) mucho bien y mucho mal, y a veces estamos tan necesitados de reconocimiento como de autoestima. Pero, repito: ¡Caray con las preguntitas! ¿Qué parte de ti se quedó en Roma?

carmen dijo...

Estoy sólo en parte de acuerdo contigo, Mondéjar. Creo que no todas las emociones, afortunadamente, están en nuestras manos.
Por contra son muy pocas, y muy parecidas, y previsibles, las que conforman nuestra geografía vital, las que controlamos sin esfuerzo por asumidas, conocidas y política, social y familiarmente correctas. Pero más allá de nuestra coraza y el perímetro de seguridad quee nos concedemos, exite una pléyade de emociones, sentimientos, deseos acechando, merodeando por nuestra vida mientras nosotros estamos en nuestras cosas, tan distraidos creyéndonos seguros, libres de sentir y desear u odiar según qué cosas. Es entonces cuando las muy putas saltan sobre nosotoros y cuando nosotros damos la medida del tipo de hombre o mujer que somos o deseamos ser.
De esa respuesta sí somos responsables, de la deriva de nuestra vida, de su influencia en los que amamos y en nosotros mismos.
Pero conforme lo escribo, pienso si esta reflexión no será propia de mujeres. Veo a mi alrededor muchas mujeres que ya no cumplen los cuarenta sintiendo como a adolescentes y a demasiados hombres encantados de haberse conocido, demasiado tranquilos.
¿Qué creeis, retaleros?

Por cierto, Sebas en el dibujo que acompaña tu comentario pareces Neruda..¿serás una especie de Lon Chaney?

Sebastián dijo...

Bueno, Pedro..., en primer lugar, yo es que tiendo... no a llevar la contraria, sino a mirar desde otra óptica, a darle la vuelta a las palabras cuando alguien "dispara" cierto tipo de preguntas; pero sólo por una razón puramente defensiva (y patológica): nunca me ha gustado que me las hagan. Dicho de otro modo: tiendo a cuestionarlas. Pero no me tomes muy en serio. Es puro juego dialéctico. Me sirvo de las prebendas que me concede el lenguaje. Contigo siento que puedo hacerlo. Si he conseguido que estés de acuerdo "en parte" (aunque yo diría que lo estamos en lo fundamental), me doy por satisfecho.

Pero... ¡qué porras!, voy a meterte un poquito de caña: si en realidad lo tenías tan claro, como se desprende de tu comentario, ¿a qué viene lanzarlas? ¿A dónde quieres llegar? Que conste que no pretendo deslegitimar ninguna "ley no escrita"; pero tengo la impresión de que quienes os dedicáis a la docencia tenéis mucho vicio de hacer preguntas. El título de tu entrada ya es revelador. Yo estoy con Valéry cuando dice que "es el alumno quien debe hacer las preguntas, no el profesor".

Por otra parte, en ningún momento he afirmado que nuestras emociones están en nuestras manos; lo que importa es (y lo has captado muy bien) cómo respondemos ante ellas. En mi caso aspiro sólo a llevar el saco de las mías, no que el saco me lleve a mí. Otra cosa es que "me deje llevar" por ellas cuando siento, o sé, que son beneficiosas para mí y para quienes me rodean. Eso sí que está en nuestras manos. Yo quiero que mis inclinaciones me liberen, no que me aten, y que mis inhibiciones sean fruto de la libertad, no de la represión. Sólo cuando las emociones me desbocan, cuando pierdo las riendas, me siento culpable o fracasado, y más si hay segundas o terceras personas a las que perjudico. Tú lo expresas muy bien: es entonces cuando damos la medida del hombre que somos o deseamos ser.

Por cierto: creo que somos un compendio de todo lo que hemos sido, así que por supuesto que me considero aún un adolescente. ¡Faltaría más!

En fin, amigo..., ¿ves lo que consigues con tántas pregunticas? ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! ¡Es hora de irme a dormir! ¡Qué emoción!

Pero antes te diré que eres el segundo que me dice que en esa ilustración, que hizo mi amigo el guitarrista Miguel Ángel Monda, me parezco a Neruda. El primero fue un bloguero muy simpático, Troglo Jones, con quien me comunico a través de mi blog de jazz. Una vez firmé con este pseudónimo: Pedro Blauna -que no es sino un anagrama de Pablo Neruda.

¡Hasta pronto, tocayo!

carmen dijo...

Querido Sebas, no sé si en esta hora que nos han robado ha pasado algo de lo que no me he enterao.
¿Por qué consideras que mi comentario lo ha escrito Pedro? ¿Pedro, has sido tan malvado que me ha suplantado durante esta hora perdida, inesixtente?
Me domina una emoción violenta a la par que jocosa.
MAMEN

Pedro López Martínez dijo...

Caramba, amigos, ¿es que os pasáis la noche de claro en claro, como don Alonso Quijano? Mientras yo dormía y los relojes daban su salto anual hacia adelante, vosotros ahí, desmenuzando mis paridas y rebatiendo.
En efecto, Sebas (como te aclara Mamen), yo no he comentado aún tu comentario, así que tu contrarréplica adquiere un matiz novísimo que... que tal vez no hubieras razonado igual sabiendo que el destinatario es otro, u otra en este aso; y permíteme una sola pregunta de profesor que las hace aunque no debiera según Valery y según tú: ¿hubieras argmentado igual, hubieras calculdo de otro modo tu visceralidad?
Por lo demás, estoy más o menos de acuerdo con ustedes dos, y si he hecho las pregunticas ha sido honestamente porque se me ocurrieron mientras leía "La inmortalidad" de Kundera; son preguntas retóricas, es decir, que yo me las hago amenudo y siempre tengo dudas sobre la respuesta correcta. De ahí que me apeteciera hacéroslas...
Sí, siempre se queda algo de nosotros en los sitios por donde andamos, y Roma no podía ser menos.
Aprovecho para agradecer, a vosotros dos y a los demás retaleros, vuestro paso por esta alforja que vivió horas de baja intensidad y que ahora trato de reavivar, mal que bien, con mis pregunticas capciosas y mis reflexiones al límite.
Salu-dos!!

Pedro López Martínez dijo...

...Y no me resisto a insertar aquí una cita extraída de ese libro de Kundera (es Kundera, para mí, un redescubrimiento con un lapsus de diez años), "La inmortalidad":

"Es parte de la definición de sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad, frecuentemente contra nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, ta como don Quijote decidió amar a Dulcinea) el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele denominarse histeria".

Recomiendo fervintemente revisitar esta novela.

Sebastián dijo...

Hola..., ejem..., soy yo, Miliki, perdón..., Pedro Blauna..., ¿o no? Ya no lo sé. ¿Qué me ocurrió anoche? La verdad es que abrí tu alforja justo después de adelantar la hora, es decir, a las 3:30 aproximadamente, y al ver que había una réplica a mi comentario, dí por sentado que era tuyo, Pedro. Tal vez fue eso lo que me cegó para leer el nombre de Carmen. Pero aún así me parece muy extraño. Nunca me había pasado algo así. Fíjate, incluso me sonó a nuevo que me llamaras Mondéjar, pero no lo vi nada raro... ¡La cosa tiene migas! Ahora sí la "oigo", pero anoche no "escuché" en ningún momento la voz de Mamen en lo que leía. ¿Será porque en el fondo os parecéis más de lo que nadie podría nunca suponer? Releyendo ahora tu comentario, Piqueras, advierto en él un lenguaje viril que hizo aún más fácil mi error... ¡Aún así todo esto es muy misterioso! Respecto a tu pregunta, Pedro, ten la absoluta seguridad de que habría argumentado exactamente igual cada uno de los puntos de haber sabido que mi interlocutora era Carmen; salvo, claro está, las punzantes pero inocentes saetas netamente personalizadas que con toda confianza osé lanzarte. A nuestra muy querida Wendy le habría lanzado otras. ¿Así que lo de Pablo Neruda fue para compensar que unos días antes vieras en mí a Miliki? ¡Ya nos vamos conociendo! ¡En fin, amigos, ahí queda esta anécdota para la historia de la blogosfera!

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