sábado, 29 de marzo de 2008

COMIENZOS

Hace milenios de milenios existía un famoso Estado, llamado Feliz Gobernación, aunque, en verdad, la dicha sólo pertenecía allí a unos pocos, como descubrirá quien prosiga leyendo, y si leyendo prosigues descubrirás sin esfuerzo que con este título, hic et nunc, me refiero al arte de principiar una novela. Abunda el comienzo de frase breve que se propone como descripción de perspectiva amplia La heroica ciudad dormía la siesta frente a otros que alcanzan contundencia a partir de un conflicto emocional que se revela íntimo Hoy ha muerto mamá o que tal vez deriva generoso hacia una eterna interrogante que empañará luego todas sus páginas ¿Encontraría a la Maga? Pero el recurso más socorrido es, entiendo, la manifestación de una identidad cautivadora, bien sea a través de la fuerza de una primera persona autoexculpatoria Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo o bien de la asunción ególatra de un acto que removerá las entrañas del relato Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne. Porque es en la eventualidad confesa del mal Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca y en la fórmula para proponer e indagar los meandros de una psicopatología En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales donde a menudo hallan su virtual arraigo los arranques de prestigio Al día siguiente no murió nadie. No es de extrañar que la muerte, o mejor, el ejercicio anunciado del crimen, se postule como reclamo hábil para lanzar exitosas historias El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo, si no es que la pirueta ocurrente de un narrador osado se ensaña con el cándido lector para que éste consuma media novela aguardando un desenlace engañoso Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Me pregunto qué número de hablantes de español no habrá cedido aún al recitado melodioso y grave de esas treinta y tres palabras que inauguran nuestra biblia literaria En un lugar de La Mancha..., o cuántos lectores no habrán celebrado el acierto del inexplicable despertar de Gregorio Samsa. En fin, no me queda espacio: Aquí acaba el mar y empieza la tierra.

1 comentario:

Sebastián dijo...

¿Te 'suena' este comienzo?:

"En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año en que subió al trono omitiré, vivía una dama...".

Curiosa coincidencia, ¿verdad?

Lo escribió, cinco siglos antes que Cervantes, la sin par Murasaki Shikibu como arranque a esa inmensa obra maestra de la literatura japonesa que es "La novela de Genji".