jueves, 16 de junio de 2011

COMO UNA MUTANTE

"A veces me despierto en plena noche con el claro sentimiento de que la novela es algo tan infinito como la sucesión de los cuerpos celestes, más allá de toda posibilidad matemática o imaginativa, y que lo que llevamos hecho es su prehistoria, su primer planteo. También veo la novela como una mutante, un vehículo del hombre que irá reflejando transformaciones vertiginosas e inconcebibles. La novela es una forma de multiplicar la realidad".

Este fragmento de Julio Cortázar (ignoro la fuente exacta) lo escribí a mano en un folio suelto, no recuerdo dónde ni cuándo, o tal vez sí: en un aula de la Facultad, en algún seminario de algún curso de Doctorado. El otro día arrojé al contenedor de papel varios kilos de apuntes y de fotocopias de aquel tiempo, casi todos subrayados y anotados en azul y rojo, y luego estudiados para rendir exámenes u oposiciones; en fin, incontables horas de secretos afanes. Ante la expresión interrogativa de mis padres, que no daban crédito a tal volumen de desprendimiento, sentencié: hay que tirar lastre para seguir avanzando, para seguir creciendo.
Pero este folio con esta cita de Julio Cortázar parecía estarme esperando más de dos décadas, milagrosamente inmaculada dentro de un archivador y con algunas apreciaciones, sin duda prescindibles, debajo:
- Silogismo en forma de tríada hegeliana.
- En arte, el término 'evolución' ya no sirve, porque se opone a 'creación'.
- Cortázar ve la novela como una mutante, lo que significa dos cosas al menos: que ya tiene suficiente historia como para ser tenida en cuenta; y que a partir de ahora solo cabe su mutación, el cambio cualitativo o cuantitativo, siempre hacia adelante.

Me pregunto qué quise decir con todo eso que hoy no acabo de entender, qué profesor olvidado lo insinuó desde su tarima para que mi bisoñez de entonces lo trasladara al folio. Y, sobre todo: ¿por qué el otro día lo rescaté de entre tantos mamotretos fatigados que mis manos ya no volverán a tocar, nunca más?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo lo sé: ¿no estarás inserto en la mutación de tu propia novela? Las citas no aparecen porque sí, sino que nos esperan porque nosotros las estábamos esperando a ellas... Cortázar siempre está cuando se lo necesita, querido amigo escritor.

Namasté.

Anónimo dijo...

Hoy pasando unos apuntes a limpio he descubierto el mismo fragmento, similares anotaciones. Tal vez me equivoque, pero es posible que el profesor Victorino Polo deposite en nuestros folios una cita que despierte en nuestras mentes. Una cita siempre renovada, siempre fresca que no se oxida como el conocimiento olvidado relegado al último rincón de nuestro subconsciente.

Pedro López Martínez dijo...

¿Y qué anónimo exalumno (la unión del prefijo y la palabra subsecuente muchas veces parece un exabrupto) del exprofesor Victorino Polo eres tú? Es posible, sí, que se tratara de alguna de sus clases, por llamarlas de alguna manera...
¿Fuimos compañeros (ahora excompañeros) o pertenecerás a una hornada filológica más reciente?
En fin, salud, anónimo o anónima, y gracias por pasar por mis retales y dejar en ellos tu estela compartida.

María dijo...

Esas citas son barquicos de papel en nuestras vidas. Y ese profesor que ha vuelto a tu memoria, una de esas personas (pocas) que nos hacen ser mejores.

En el barquico de hoy te mando unas lechugas del Arga. Ya recogí el recuerdo de los albaricoques. ¡Muy bonita entrada!

Por cierto, a mi izquierda, encima de un montón de cosas, reposa "Libro Ciudad".

Pedro López Martínez dijo...

Gracias, María.
Los albaricoques de antaño, los antiguos profesores, otros meses de junio leyendo a Gil de Biedma... Reviso mis últimas entradas y me da por pensar que todo se me va tiñendo de una especie de melancolía, de un aire elegíaco que inevitablemente dice mucho de los años que ya he cumplido, de las cosas que se me van quedando atrás. Moraleja: tendré que mirar más por la ventana del futuro y respirar su gracia inminente.
Ah!, ojalá que esos versos que reposan a tu izquierda no te sean adversos (me gusta que hayas elegido para tu blog el poema del miedo).
Salud!

Anónimo dijo...

Otra alumna de Victorino Polo que llega a tu blog mientras pasaba a limpio sus anotaciones. No quería irme sin dejar mi huella.
Un saludo filológico.