lunes, 18 de febrero de 2008

MIRAR AL QUE MIRA

Soy visitador asiduo de cafeterías. Lo más habitual es que las visite solo: he notado que prefiero la magia solitaria de ese café cotidiano conmigo mismo, lo que no obsta para que de vez en cuando también negocie la prodigalidad de los cafés compartidos. Me es particularmente grato, además, tomar posesión de una mesa apartada o, en su defecto, de una esquina de la barra que garantice una perspectiva cómoda y generosa del recinto y sus clientes. Diré que prendo un único cigarrillo, y que ese mismo cigarrillo suele ser también el único de cada día. Durante los veintitantos minutos que concedo a la escenificación del rito cotidiano, el cuerpo se relaja, la mente se abstrae, y cunde el volumen y la brillantez de mis pensamientos. No he de ocultar que es en ese breve tramo de reflexión cuando se me insinúan buena parte de los motivos que nutren mis poemas y narraciones y, cómo no, las entradas de este blog. Mi mirada se desplaza de las cosas a las personas, el café se eterniza en cada sorbo y el cigarrillo se recrea entre los dedos, mientras una batuta que me es ajena juega a componer la melodía de las palabras y a encajar las diversas piezas del puzle de la literatura. De pronto fijo la mirada en la espalda de un hombre que mira de soslayo, mas con insistencia impertinente, a la mujer que consume su desayuno en la otra mesa; él no puede verme a mí, tendría que darse un giro brusco para interceptar mi escrutinio, y tampoco ella puede verlo a él, pues su mirada se distrae con quienes ocupan las mesas del fondo. Constato que no hay nadie en este espacio que renuncie al placer de mirar al otro sin ser visto por el otro, y me regocija que nadie sepa advertir que es mi mirada, merced a su posición de privilegio en la esquina de la barra, la única que controla desde afuera toda esa red cruzada de miradas. Y entonces, el poder persuasivo de las analogías y de las afinidades literarias rescata para mí aquel pasaje de Borges que tanto me sedujo y que ocasionalmente me apropio sin escrúpulo -la docencia adolece de escrúpulos- para seducir a mi vez a mis alumnos: "¿Por qué nos inquieta que el mapa esté incluido en el mapa y las mil y una noches en el libro Las mil y una noches? ¿Por qué nos inquieta que don Quijote sea lector del Quijote, y Hamlet, espectador de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios". Me revuelvo en el taburete y sorprendo la insistencia impertinente de unos ojos que me miran desde la calle, al otro lado del ventanal.

4 comentarios:

Miguel Ángel Orfeo dijo...

En efecto, practicando ese vicio de mirar al que mira no sólo se disciernen los ángulos de la narración cotidiana, sino que nos permite sentirnos personaje, ficción de quien nos mira e interpreta. Una de las cafeterías que suelo visitar tiene una parroquia verdaderamente heterogénea, pues ella se mezcla inmigración y una tercera edad ultraconservadora. Me viene a la memoria el 12-M: más allá de los ángulos, era la tensión narrativa de la rabiosa acualidad lo que podía percibirse, sorbo a sorbo de café, página a página del periódico abierto como coartada.

Sebastián dijo...

Mirar al que mira y ver lo que él ve; mirar al que mira cuando el que mira es uno mismo; mirar al que nos mira mirándonos mirar...

Desde muy pequeño me gusta imaginar lo que otros ven desde el lugar que ocupan, hacerme una composición "real" de su campo óptico; por ejemplo: cuando cruzo una plaza y veo a alguien asomado a un balcón, me pongo virtualmente en su lugar e imagino de súbito su visión (que me incluye), su perspectiva de la plaza, e incluso lo que hay a sus espaldas, el salón, la mesa, su sombra en la pared... Es un buen ejercicio que me ayuda a "salirme de mí mismo" y representarme en el lugar de otros, a "soñar" que soy otras personas...

...Así que me ha gustado mucho tu relato, está muy bien escrito y perfectamente desarrollado, y su final es magnífico.

Concluyo, esté o no bien traído, con el primer verso de un poema inédito de Eloy titulado "La ceguera":

"Mirar no es sólo asunto de los ojos".

Un fuerte abrazo y hasta más ver (últimamente no doy abasto).

carmen dijo...

Dice Ana Rossetti:

QUÉ SERÁ SER TÚ

Este es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué el misterio, la dolencia de ser tú.
Qué el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Pedro López Martínez dijo...

A Orfeo: "Ser ficción de quien nos mira e interpreta"... El periódico abierto como coartada es en sí mismo un poema visual, no se puede decir mejor: un apunte al 12-M propio de un exquisito observador.
A Sebastián: "Mirar a quien nos mira mirándonos mirar"... Eso que dices de ponernos en el lugar de quien nos mira desde un balcón es, creo, un ejercicio compartido por quienes no nos conformamos con nuestro punto de vista (no se me ocurre un sintagma alternativo que lo diga mejor), por quienes entendemos el esencial poliedrismo (sic) de la realidad.
A Carmen: Excelente poema éste de la Rossetti gaditana, un magnífico complemento a lo que quise expresar en esta entrada.