viernes, 21 de enero de 2011

MI AUTOBIOGRAFÍA

"Cada cual debería escribir su vida, porque las palabras nos explican y, sin las palabras, el mundo no existe; además, cada palabra que uno escribe puede cambiar el curso de su vida, porque cada palabra desencadena la siguiente". Así se expresaba mi admirado José Saramago en un antiguo recorte de periódico, y si ahora reparo en él y en esa cita suya es para hermanarla, si se admite tal parentesco, con una de las experiencias más gratificantes que me ha procurado el ejercicio de la docencia.
Desde hace unos cuantos cursos, casi una década, ofrezco a mis alumnos más jóvenes, a los recién llegados al instituto, el proyecto de escritura individualizada de su "autobiografía", un trabajo distribuido en una veintena de capítulos, que se extiende a lo largo de seis o siete meses y que ellos elaboran y redactan según mis indicaciones específicas. De acuerdo con un calendario que fijamos en octubre, yo los oriento sobre cómo pueden enfocar cada tema, les comento cómo han de entrevistar a sus padres o a otros familiares, los asesoro sobre cómo han de acudir a fuentes externas para recabar la información precisa, o sobre cómo armarse de paciencia para ensayar un borrador que luego cobrará todo su sentido en la blancura del folio. Luego, por mayo, cuando hace la calor, estos escritores imberbes reúnen todos los capítulos (que ya fueron corregidos) y se unifican criterios de impresión (o de caligrafía, en su caso) y de presentación, y les hago encuadernar sencillamente al menos dos copias del resultado, esto es, de lo que ya será su "primer libro", el que ya luce portada original y páginas numeradas, el mismo que despliega una dedicatoria muy exclusiva.
He de añadir que, más allá de las bondades lingüísticas que la disciplina de la escritura comporta (desde la mejora de la ortografía a la adquisición de vocabulario), este proyecto les sirve a ellos para renegociar una identidad y para saberse protagonistas de su propio discurso, lo cual, qué duda cabe, estimula su interés y acrecienta su implicación en la tarea casi desde las primeras semanas. Y a mí, que fatigo cada capítulo con mi lupa correctora, me ha ayudado y me ayuda a conocerlos a ellos, a cada uno, como si al revisar sus entregas leyera en el libro abierto de sus inquietudes y desvelos, un libro que a menudo muestra la impudicia descarnada de su preadolescencia, un libro de ejemplar único que el futuro acariciará con los dedos de la nostalgia.
Contagiado por el latir cotidiano y sucesivo de cada grupo de alumnos, de cada curso escolar, yo también he sentido a veces la tentación de acompañarlos en la escritura, un deseo solidario de construir poco a poco la autobiografía que nunca escribí cuando tuve su edad, la que me permita reconciliar mi vida actual con las palabras que la escriben en el devenir de la memoria, porque, como advertía Saramago, es dudoso que el mundo exista sin la materia sustancial de esas palabras.
Esta mañana, saliendo de clase, ha vuelto a embargarme esa especie de querencia que nunca me he permitido, que siempre me he pospuesto, pero a cuyo embrujo no sé si acabaré cediendo: el tiempo de este blog dirá el resto.

2 comentarios:

Liou dijo...

Interesante...

Anónimo dijo...

Hola Pedro me presento. Soy Diego, es probable de que no te acuerdes de mi. Te situo, fui alumno tuyo en el I.E.S. Los Cantos de Bullas no recuerdo en qué año en 4º de la E.S.O.
De aquel año conservo los documentos que más me gustaron y entre ellos se encuentra: "El plagio necesario". Escrito en el año 1997. Entonces, entre otros libros, hablamos de Don Quijote de la Mancha.
Aquel año lo recuerdo muy bien y con cariño. Entre otras cosas porque no había tenido un maestro como tú. Ya que en lengua los maestros siempre nos obligaban a leer un libro determinado. Por ejemplo memorias de una vaca o el principito de los que no acabe de leer ninguno y acabé casi traumatizado.Tú, si me dejas que te tutee, no lo hacías. Nos dejabas escojer el libro. Y eso para mi fue una revolución.
Lo único que me dejó un mal sabor de voca, fue el comportamiento hacia ti de parte del alumnado, del que acabastes desencantado y dándolo por perdido.
Sé que no tiene que ver con nada de lo que se habla en tu blog, pero mirando de nuevo "El plagio necesario" se me ocurrió mirar por internet sobre ti. Y bingoo.
Sólo que te vaya bien, y aunque sea DEMASIADO TARDE, disculpa nuestro comportamiento durante ese año.
Si te sirve de consuelo, no fuistes el único. JAJAJA...
Me despido atentamente: Diego Antonio Pardo de 4ºC de la E.S.O.