viernes, 13 de noviembre de 2015

Apenas cuando escribe recupera su verticalidad como hombre, la talla humana que a todos se nos supone, la realización parcial de su destino o el espejismo de una pretendida plenitud. Porque en el acto de escribir piensa, formula emociones, aprende a reconocerse, habita en sí, está consigo. Pocos parecen entenderlo a su alrededor; acaso nadie. ¿Y qué?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Volví a soñar con mi primo después de mucho tiempo. Fue, creo, en la madrugada del jueves al viernes, o acaso la anterior, no lo sé. Lo que importa es que él conservaba exactamente el mismo rostro, el mismo semblante desavisado y próximo, la misma despreocupación que le recuerdo a casi veintiún años desde que nos dijéramos adiós para no volver a vernos. En el seno del sueño aparece siempre igual, siempre confiado, como si no pudiera sospechar ni de lejos que la tragedia lo acecha y que acabará engulléndolo una noche inmediata y que ya han transcurrido dos décadas completas. Todo en él se detuvo en un instante inamovible que ignora cualquier forma de futuro y que para mí se confunde, ahora, entre el pasado y la ficción, breve salto entre la memoria y el olvido. Él no lo sabe, pero ahí sigue. Y seguirá mientras yo lo sueñe.

lunes, 2 de noviembre de 2015

"La muerte es el tema principal de la poesía lírica. La poesía lírica nos recuerda que vivimos en el tiempo. Nos dice que somos mortales. Celebra o reconoce los estados de ánimo, las ideas y los acontecimientos solo en la medida en que existen en el tiempo. ¿Qué significado tendría nada fuera del tiempo? Aun cuando la poesía esté celebrando algo alegre, porta consigo la noticia de que esa alegría en concreto se ha terminado. Es un largo epitafio, un adiós a nuestra discreta estancia en la tierra. Pero su poder difiere de aquello que celebra, ya que no se trata solo de que lamentemos el paso del tiempo, sino también de que de alguna manera nos preservamos de su peso, y cuando leemos poesía, durante esos breves momentos de ensimismamiento, la idea de la muerte parece indolora, incluso bella".
Mark Strand, Sobre nada y otros escritos

domingo, 1 de noviembre de 2015

Muchas ideas confusas. Dispersión, aturdimiento, falta de voluntad, desánimo, casi entrega. Rencillas continuas con el dios del tiempo, con el dios del espacio, con el dios del orden, con el dios de los imprevistos.
A mi alcance, con una señal por el capítulo 18, Biografía del silencio de Pablo d'Ors, que remueve dentro de mí el antiguo discurso de las distracciones (todo cuanto nos aparta del camino trazado, o lo que es lo mismo, de la búsqueda del ser que somos) y la urgencia de barrer alrededor para que en el horizonte solo se muestre lo único, lo esencial, lo que da sentido a todo.
Barrer, sí, pero... ¿cómo?, ¿con qué ímpetu?, ¿con cuánta fe? Y sobre todo, ¿a qué precio?

domingo, 25 de octubre de 2015

Belleza frágil:
el gorrión en la rama
de mi objetivo.

jueves, 22 de octubre de 2015

Leo en alguna parte que la escritora y periodista Ángeles Caso se queja de que el porcentaje de premios literarios que se concede a las mujeres es vergonzante, sea por obra de las editoriales o de las instituciones; pero no aclara si se refiere a los premios que respetan un proceso de concurso o a los que se dan porque sí o por méritos cuantificables.
Me voy luego a la Wikipedia y averiguo que la trayectoria literaria de la señora Caso acumula ciertos premios sustanciosos, de esos que adjudican a los suyos ciertas empresas editoriales bajo la apariencia de concurso, esto es, participando en la farsa, contribuyendo a la estafa y generando la frustración de los incautos e incautas que escriben sus novelas, las encuadernan y las remiten alegremente a su particular lotería, después de los incontables desvelos de la imaginación. En efecto, los dueños de Planeta la hicieron finalista de su gran mentira en 1994 y le regalaron el honor y el cheque de los 601.000 € en 2009; entre tanto, había recibido de las mismas manos el Fernando Lara del año 2000.
En vez de abogar por la transparencia en los procedimientos y por la justicia insobornable del seudónimo, que a todos nos iguala, a la periodista y escritora Ángeles Caso le parece vergonzante el porcentaje de premios literarios que se da a las mujeres.
Como si a la gran literatura le importaran los premios; como si tuviera algo que ver con una cena de gala con presencia real en un hotel de Barcelona.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cuando, en el ámbito doméstico, intentamos ejercer de psicólogos, nunca se sabe si lo que queremos es ayudar al que lo necesita -solamente- o fortalecernos a nosotros mismos con argumentos y parábolas que -muy cabales, muy efectistas- ganan crédito asumiendo una perspectiva sensata y objetiva, marcando las distancias de la razón y de la lógica, externalizando el problema. Reconforta y gratifica dispensar consejos, palabras de esperanza, sobre todo cuando en nosotros mismos flaquea.

lunes, 19 de octubre de 2015

¿Es generosidad hacer por el otro -prójimo o prójima- lo que en lo más profundo esperas o deseas que haga el otro por ti, cuando tú lo necesites? ¿Hay virtud de pensamiento o de obra, o simplemente honradez ética, en deslizar y alentar la viceversa interesada, esa que vive oculta tras la más bondadosa de las máscaras? ¿Es legítimo poner a prueba de tal modo el incierto andamiaje de la camaradería y la amistad o, más aún, la estructura sólida del amor?

viernes, 16 de octubre de 2015

Cómo no recomendar desde aquí el documental que esta noche emite la cadena Dos de Televisión Española sobre la persona y la obra de Ramón Gaya. Se trata de un trabajo muy meditado, riguroso a la par que ameno, realizado en los últimos meses por el cineasta murciano Gonzalo Ballester. El pensamiento genuino del protagonista se alía con las voces de algunos entusiastas de su pintura para recrear una visión pulcra, auténtica, verdadera, de lo que se ha de entender por hacer arte y vivir el arte. Sin apostolar, claro; pero desde la certeza radical de un destino que se va cumpliendo de soledad en soledad y a menudo en la sombra, sin ruidos extraños, ajeno a las palmaditas oficiales y oficiosas, consciente en todo momento de la impostura que acecha y bordea y tienta al artista disfrazándose de talento y de éxito y de otras parafernalias acordes con la mercaduría que arrasa al mundo. Aunque no conocí a Ramón, creo que a él le hubiera gustado. El debate está servido, casi la polémica. Estoy deseando volver a verlo. No defraudará.

jueves, 15 de octubre de 2015

Café de media mañana, en el bar de casi siempre, doblando maquinalmente las hojas de un periódico local. De pronto mi atención se fija en la noticia de un apuñalamiento a la salida de un supermercado, en una afamada zona de la ciudad que fue mi barrio en la época universitaria. Da la casualidad de que conozco a la víctima, un hombre búlgaro afincado en esta tierra con su mujer e hijos, un "artista callejero" -dice el informante- que muchas tardes y noches regala su música y su sonrisa afectuosa a quienes pasean por las calles peatonales del centro. Lo abordó un individuo que pedía limosna junto a otra mujer, y se le fue la mano. Parece que su vida no corre peligro.
Mientras vuelvo al trabajo voy cayendo en la cuenta de que ayer, poco antes de la hora del suceso, estuve muy cerca del lugar. Acababa de aparcar en zona azul, mi mujer y mi hija esperaban en la acera y yo estaba sentando a Darío en su carrito. Hacia nosotros se precipitó un tipo que, más que rogar, exigía con todo el cuerpo un euro para comer, pero cuya insistencia nerviosa denotaba otras urgencias acaso más acuciantes. Unos pasos atrás se quedó su escuálida acompañante, murmurando algo. Negué con un gesto que se resuelve a medio camino entre la solidaridad y el fastidio, y ellos continuaron su itinerario desbocado, ajenos a las personas y a las cosas, cómplices de un extravío insensato e insaciable.
No se me ha ido de la cabeza en toda la jornada.