martes, 28 de febrero de 2017
Estaba con el mando en la mano, pulsando el botón maquinalmente, cuando surgió un documental que no conocía sobre el atentado que destruyó las Torres Gemelas de Nueva York. Se nutre de grabaciones realizadas por usuarios que estaban o pasaban por allí, o que vivían en apartamentos con vistas al escenario de la tragedia. El montaje es pulcro, dotado de una discreta vocación de intriga, y respeta minuto a minuto el orden en que se encabalgaron las informaciones y los hechos. No escasea el plano demorado de quienes ese día se convirtieron en testigos inmediatos de la historia, individuos anónimos cuyos rostros miran incrédulos en dirección a la humareda y a los cuerpos que se arrojan desde las ventanas, oficinistas que bajaron a tomar algo o que se habían retrasado por cualquier causa, agentes de policía y bomberos que trajinan sin demasiada fe y que tal vez perecieron más tarde, a consecuencia del derrumbe que nadie supo prevenir. Es dificil no conmoverse, no sentirnos absorbidos por la desolación de las imágenes, por más que uno se repita que lo que muestran esas dos horas de película ya ha cumplido tres lustros. La cama nos recibe bien entrada la madrugada, preguntándose de qué infierno regresa nuestro insomnio.
lunes, 27 de febrero de 2017
Cuando pienso en mis padres como ahora los pienso -solos en el pueblo, septuagenarios, a una hora veloz de carretera- me embarga una melancolía anticipada, un desgarro emocional que se nutre del conflicto entre la vida que elegí y las renuncias que conlleva. El miedo más antiguo de todos los que conozco es el que, de niño, urdía mi imaginación para concretar alguna tragedia familiar, algún desenlace irreversible del que era protagonista cualquiera de mis padres. Hoy todos los desenlaces están cerca, el futuro ha dejado de tener esa cualidad indescifrable y ficticia. Siento los días y las semanas de ausencia como una punzada cada vez más dolorosa y más infame. Me sé en deuda no solo con mi destino de ramas y de frutos, sino también con su tronco y sus raíces. Los extraño a los dos, aún vivos, con un fondo de tristeza que no encuentra consuelo. No quiero intuir el color de las cruces marcadas en el calendario inmediato.
domingo, 26 de febrero de 2017
El otro día usé la palabra gárgaras y me sonó muy lejana aunque
no del todo ajena, como si se hubiera independizado del acto que
refiere, como si solo sirviera ya para evocarlo. Es una voz extraña que a
mí me habla siempre de otro tiempo.
En mi tierra, cuando uno se ponía pesado, era corriente mandarlo a hacer gárgaras. Yo no hago gárgaras (ignoro si alguien de mi entorno me habrá insinuado que las haga) desde no recuerdo cuándo, pero sé que las hice de pequeño y que era una práctica común para suavizar la irritación de garganta. En mi casa nos poníamos un vasito de vino tinto con mucha azúcar, dosis que alcanzaba para cuatro o cinco lavados. Cada gorgoteo podía durar un minuto, al cabo del cual se expulsaba en el lavabo.
Si se me diese la oportunidad de inventar un archipiélago lo llamaría así, Gárgaras.
En mi tierra, cuando uno se ponía pesado, era corriente mandarlo a hacer gárgaras. Yo no hago gárgaras (ignoro si alguien de mi entorno me habrá insinuado que las haga) desde no recuerdo cuándo, pero sé que las hice de pequeño y que era una práctica común para suavizar la irritación de garganta. En mi casa nos poníamos un vasito de vino tinto con mucha azúcar, dosis que alcanzaba para cuatro o cinco lavados. Cada gorgoteo podía durar un minuto, al cabo del cual se expulsaba en el lavabo.
Si se me diese la oportunidad de inventar un archipiélago lo llamaría así, Gárgaras.
sábado, 25 de febrero de 2017
Esta tarde, tomando una cerveza enorme frente a la fachada del Museo Ramón Gaya, pienso en la longevidad productiva del pintor, que se dejó llevar al cumplir los noventa y cinco. Sé que había nacido en Murcia en 1910, y una asociación lúdica, meramente cronológica, me trae el recuerdo del poeta Miguel Hernández, vecino de la cercana Orihuela y asimismo de 1910, pero que no alcanzó ni los treinta y dos años.
Regreso al anochecer, flotando sobre mis zapatos e intrigado por las paradojas del destino, hasta que, ya en casa, la fiebre de las simetrías y los azares decide averiguar el día exacto de sus respectivos nacimientos: es curioso que los dos son del mes diez (octubre), que a los dos los alumbraron con apenas veinte días de diferencia y a solo veinte kilómetros de distancia. Ignoro si llegaron a conocerse; no adivino quién era el uno para el otro.
Inevitable preguntarse ahora qué obras aguardaban a Miguel de haber sobrevivido a su edad, de haber respirado los sesenta y cuatro años de más que sí respiró Ramón. Tan inevitable como inútil responderse.
Regreso al anochecer, flotando sobre mis zapatos e intrigado por las paradojas del destino, hasta que, ya en casa, la fiebre de las simetrías y los azares decide averiguar el día exacto de sus respectivos nacimientos: es curioso que los dos son del mes diez (octubre), que a los dos los alumbraron con apenas veinte días de diferencia y a solo veinte kilómetros de distancia. Ignoro si llegaron a conocerse; no adivino quién era el uno para el otro.
Inevitable preguntarse ahora qué obras aguardaban a Miguel de haber sobrevivido a su edad, de haber respirado los sesenta y cuatro años de más que sí respiró Ramón. Tan inevitable como inútil responderse.
viernes, 24 de febrero de 2017
No sé dónde leí que la prueba más fiable de que el autor o autores del Corán fueron árabes es que en sus páginas nunca se describe el desierto en términos de fascinación, extremo que no he contrastado; su presencia es tan obvia que no necesitan mencionarlo. Tras el fallo emitido esta semana en el caso que imputaba a una hermana de Su Majestad y a un cuñado de Su Majestad (ambos cónyuges y residentes en el extranjero), la plana mayor de la clase y/o casta política española se ha apresurado a confirmar, basándose en la sentencia y en la pirula ulterior -confortable multa económica; seis años de cárcel ahora eludibles bajo fianza-, que en España la justicia es igual para todos. Alabado sea el Señor de los Cielos... ¡Y el Otro!
jueves, 23 de febrero de 2017
La memoria se abastece de inducciones, aproximaciones, invenciones, revisiones y, en definitiva, desmemoria. Hay un proceso de conformación y aceptación de los diversos estratos del recuerdo, hasta alcanzar la que será nuestra versión definitiva. Es entonces cuando el pasaje rememorado se solidifica, deja de corregirse a sí mismo y acabamos dándolo por bueno, última rebaba de aquel instante sucesivo. Cuando ello ocurre habremos accedido a la madurez, y desde ahí nos lo repetimos y lo repetiremos invariablemente, casi con las mismas palabras, a veces incluso ante los mismos interlocutores. Es lo que a mí me sucede si pienso en la tarde o el anochecer del 23 de febrero de 1981, aquel histórico 23 de Tejero.
Razones imperativas (llámese indisposición del niño) me mantienen en casa toda la mañana, tras una noche de interrupciones y turbulencias, de mal dormir. El tiempo transcurre lento, espeso, con una textura gelatinosa. Los ruidos de la calle y de las vías próximas igualarán los decibelios de cualquier otro jueves, pero a mí me llegan con un extraño murmullo, como si mi presencia intrusa en este día y a esta hora auspiciara un mensaje que no sabré descifrar. Siento que me muevo en un oasis transitorio, hurtado a las responsabilidades propias de la jornada laboral. Ahora el niño se ha vuelto a dormir.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Algunos dardos (persistentes) de aquel Chamfort:
"Un hombre honesto debe obtener la estima pública sin haberlo previsto y, por así decirlo, a pesar suyo. Quien se dedica a buscarla, revela su estatura".
"La importancia sin mérito da lugar a la consideración sin estima".
"El hombre que vive habitualmente consigo mismo tiene necesidad de virtud; pero si vive con otros precisa honores".
"Cuando en el mundo se desea agradar, hay que resignarse a dejarse enseñar muchas cosas, que se saben, por personas que las ignoran".
"El sabio, el amigo de sí mismo, describe una línea en círculo cuyo fin le devuelve a sí mismo".
"Lo que comporta el éxito de buena cantidad de obras es la relación que se establece entre la mediocridad de las ideas del autor y la mediocridad de las ideas del público".
"Los pobres son los negros de Europa".
"Hay en todo una madurez que es preciso saber esperar. Feliz el hombre que llega en el momento justo de esa madurez".
"Existe una melancolía que conduce a la grandeza del espíritu".
"Un hombre honesto debe obtener la estima pública sin haberlo previsto y, por así decirlo, a pesar suyo. Quien se dedica a buscarla, revela su estatura".
"La importancia sin mérito da lugar a la consideración sin estima".
"El hombre que vive habitualmente consigo mismo tiene necesidad de virtud; pero si vive con otros precisa honores".
"Cuando en el mundo se desea agradar, hay que resignarse a dejarse enseñar muchas cosas, que se saben, por personas que las ignoran".
"El sabio, el amigo de sí mismo, describe una línea en círculo cuyo fin le devuelve a sí mismo".
"Lo que comporta el éxito de buena cantidad de obras es la relación que se establece entre la mediocridad de las ideas del autor y la mediocridad de las ideas del público".
"Los pobres son los negros de Europa".
"Hay en todo una madurez que es preciso saber esperar. Feliz el hombre que llega en el momento justo de esa madurez".
"Existe una melancolía que conduce a la grandeza del espíritu".
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