martes, 4 de octubre de 2011

VINDICACIÓN DE LEÓN FELIPE

"Así es mi vida, piedra, como tú”…

Embotado, incapaz de emprender cualquier tarea, tullido para imponerme un orden de prioridades y asumirlas funcionarialmente, salí de camino al centro y la misma inercia de antaño me condujo hasta ese último rincón, entre expositores y anaqueles y columnas, que un librero de la ciudad reserva aún a las publicaciones de poesía, donde se respira un aire clandestino, casi mórbido.

…“como tú, piedra pequeña”…

De pronto se afianzó en la palma de mis manos el ejemplar de Visor con todos los poemas de León Felipe, el mismo volumen que tantas veces estuve a punto de adquirir y que siempre se me resiste, no sé explicarme por qué ni por cuánto tiempo aún.

…”como tú, piedra ligera”…

Lo transité con la parsimonia embelesada de otra vida, poseído por un resto de aquella fe de juventud que ya no volverá a pertenecerme como entonces, degustando el discurrir sencillo de una voz que siento gemela, deteniéndome en los mismos versos de siempre, repitiéndome para mí y para nadie que nunca he dejado de conectar con este hombre, con este nombre que hace tanto se debate en el limbo de nuestra memoria poética, un hombre y un nombre que, apenas de tarde en tarde, me apetece reivindicar ante los más legos.

…“como tú, canto que ruedas por las calzadas y por las veredas"…

Regresé con las manos vacías, mas regocijado en la música de aquellos versos.

domingo, 2 de octubre de 2011

NO REGRESES, ULISES

He dedicado algunos ratos de la última semana a rastrear la permanencia literaria de Ulises, el mito, sea en su paso por el infierno dantesco, sea en las celebradísimas versiones poéticas de Tennyson o Kavafis, las mismas que en pleno siglo XXI continúan siendo el paradigma de un símbolo universal, inagotable. Pero la sobremesa de este agónico domingo que no sabe a qué estación pertenece me tenía reservada la ocurrencia de presentarles a mis hijos, por fin, una película que siempre consigue sacarme sonrisas cómplices y que siempre concluyo con ojos turbios: Cinema Paradiso. Y he aquí la sorpresa de una conexión con la que yo no contaba, no al menos hoy: ha habido varios momentos, en el último tercio de la cinta, en que la fuerza gravitatoria del personaje de Homero se ha posado, benévola, sobre las imágenes del film, e inopinadamente ha acabado iluminándome con un guiño generoso y nuevo; así la escena en que Alfredo, ya ciego y sabio como aquel Tiresias, aconseja al joven Totó que huya de ese pueblo, que busque su verdadera vida en otras partes, que no regrese nunca; así cuando la paciente madre que lo aguarda, como otra Penélope, se incorpora para recibirlo después de tantos años y cae al suelo el ovillo de lana y entonces los puntos del jersey que tejía se van deshaciendo sobre la silla, espléndida metáfora del tiempo volviendo a nuestro encuentro.
Volver para contarlo, para no ceder al olvido: el regreso -de Ulises, de Totó, de tantos otros- solo se justifica en el relato, a través del relato.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

HASTA A MÍ MISMO...

"Debiéramos estar ya desengañados de todo, debiéramos haber perdido todo anhelo de arte: y sin embargo, cada día escribo... ¿para quién? Y cada vez que pongo la pluma en una cuartilla blanca el corazón me tiembla de emoción, de reverencia y de miedo, como si me acercase a un ara. ¿No son también las aras blancas y cuadradas? Y todo mi ser tiembla del pánico de pensar que acaso podría escribir una obra maestra... ¡Oh este enorme pensamiento! ¡Poder escribir una obra maestra! Y esta gran felicidad, esta inmensa dicha puede ocurrirle a cualquiera que, desencantado de sí mismo, de su arte y de su inspiración, después de haber adornado los márgenes del papel en que escribe con toda clase de garabatos, con formas de flores y de monstruos, toma la pluma distraídamente y empieza a coordinar palabras... ¡Una obra maestra! Esta dicha -y esto es lo que me infunde más pánico-, esta felicidad superior a la de ser amado y a la del hallazgo de la sortija en la torta de pascua, puede sin embargo ocurrirle a cualquier, hasta a mí mismo..."

El divino fracaso (1918), Rafael Cansinos-Asséns

domingo, 25 de septiembre de 2011

VERBA MANENT

Para glosar nuestra desconfianza frente a la promesa verbal del prójimo, sobre todo cuando hay en juego intereses materiales, solemos objetar que las palabras vuelan, que se las lleva el viento, que se olvidan; e inmediatamente sugerimos a la otra parte que el acuerdo quede expreso como especie de contrato, sellado y firmado por escrito, de modo que luego no demos lugar a desavenencias en cuanto al fondo o la forma. "Verba volant, scripta manent", así arguyó un senador romano y así permaneció en la memoria de las personas de cultura hasta no hace tanto, hasta que el uso de latines y latinajos dejó de admitirse como modelo de cultura.
Durante los últimos veinte años he escrito algunos discursos cuyo objetivo inmediato fue pronunciarlos, en vivo y en directo, ante un aforo tan escaso como variopinto, textos que nacían del encargo amistoso o de cualquier otra excusa para morir desangrados en el mismo instante de decirlos, devorados por el viento del olvido. En el mismo saco, y ello pese a que alcanzaron el dudoso mérito de la impresión en letra de molde y papel, introduzco también algunos artículos periodísticos y otras colaboraciones más o menos literarias que, sin saber cómo ni por qué, se me fueron de las manos y se hicieron sitio en libros multitudinarios y en revistas de vario linaje, libros y revistas en cuya promiscuidad de páginas han de seguir aún esas reliquias efímeras. Ahora, al padre que las dejó ir y que no se acordó de reunirlas para hablarles de su sangre común, se le ha ocurrido ir en su busca y restaurarlas, aunque tal vez ya sea tarde para encontrarlas a todas.
Por cierto, el blog se inauguró ayer y lo he bautizado Verba manent.

viernes, 23 de septiembre de 2011

SANTA TECLA

No he conocido a nadie con tal nombre ni sé si habrá por ahí algún desalmado capaz de propinárselo a una hija; el caso es que el calendario que tan católicamente nomina nuestros días anuncia que el de hoy, 23 de septiembre, se debe a la fe de Tecla, joven de familia rica que acompañó a San Pablo en su labor predicadora y que luego fue perseguida y padeció incontables tormentos, de donde hemos de inferir y legitimar su santidad. Pero uno -que no sabe hacer mucho más que teclear y teclear desde que aprendió el arte de la mecanografía, antes martilleando papel, ahora con suaves roces digitales que conquistan la pantalla- se sorprende aún de la existencia de una santa con un nombre tan próximo a mi fe, y entonces me encomiendo a la virtud multiplicada de todas esas letras y esos signos que aguardan la caricia selectiva de mis yemas para crear palabras, para enristrarlas en frases y oraciones, para construir con ellas jaulas como párrafos, para orquestar al fin la secreta sinfonía de cada texto. Y yo, que no me presto a credos, hasta me atrevo con un ¡viva Santa Tecla! para conmemorarla en su efeméride.

jueves, 22 de septiembre de 2011

POÉTICAS DEL FRACASO

Para los lectores, cada verano negocia su título infalible -evoco particularmente los ya remotos sesteros de Mi familia y otros animales o El Aleph-, y este que ya nos va diciendo adiós con su cielo indeciso será siempre para mí el verano en que transité las páginas de La tentación del fracaso, los diarios de Julio Ramón Ribeyro. Durante un periodo de casi mes y medio se hizo un hueco en mi bolsa de viaje, compartiendo conmigo una etapa de transición reflexiva y ayudándome a encontrar la salida desde esa especie de fraternidad sigilosa y altruista que solo aciertan a brindarnos algunos libros. Cuando supe de la existencia de este título no tuve duda de que iba a leerlo más pronto que tarde, porque la idea del fracaso como tentación de todo artista que convive con su sola incertidumbre estaba fija en mí desde mucho antes, era como si el mero título me hubiera sido arrebatado de un sueño del que por fin ahora despertaba para verlo en una portada ajena.
En las antípodas de la frustración y del fracaso literario no está el éxito, como suele suponerse, sino la negación del triunfo mediante una rara resistencia que suele conducir a los autores a la más cabal de las renuncias. A este respecto recuerdo que, hará dos o tres veranos, cayó en mis manos Bartleby y compañía, de Vila-Matas, un trabajo que habla de esa pléyade de escritores -cuyo paradigma podrá ser Rimbaud- que hicieron carrera y que aún conservan viva su gloria, pero que por una u otra razón un día se plantaron y dejaron de escribir y se ocultaron a los medios.
No es el caso del título que recientemente he repescado de su estante y que de alguna forma cierra el círculo de mis afinidades actuales: El divino fracaso, de Cansinos Asséns. Lo adquirí en 1997 y a los pocos párrafos interrumpí su lectura por un prurito de cobardía, pues entendí que su lucidez desengañada podía asestarle un arañazo irreversible a mis ilusiones de entonces. Hoy lo revisito y lo desgrano palabra a palabra, ganado por su perspicacia psicológica, sí, pero -y esto es lo que más me sorprende- con un desapego casi orgulloso, desde una distancia que juzgo más propia de un 'bartleby' circulando por los laberintos del No que de lo que en verdad soy, un ermitaño al que la musa le sigue siendo esquiva.

martes, 20 de septiembre de 2011

EL HORARIO

Hay un día de septiembre en que los profesores españoles de a pie, hoy tan desprestigiados y vilipendiados, recibimos nuestro horario para el curso que empieza. Ayer me dieron el mío e inmediatamente nos pusimos manos a la obra, aprendiendo a reconocernos -el horario y yo- como dos extraños que hubieran sido presentados de improviso, pero que saben que van a tener que convivir y soportarse una larga temporada. Me trasladé de aula en aula e hilvané un primer discurso ante quienes serán mis alumnos, siempre con el papelito del horario a la vista, y luego, por la tarde, ya en casa, lo revisé a conciencia, con tanto empeño que casi lo aprendí de memoria.
Esta mañana, de camino al trabajo, concentrado en los temas previos que debía tratar con los chicos de cada grupo y maquinando mis humildes proyectos pedagógicos para ponerlos en práctica con ellos, me ha asaltado la breve intuición de que algunos no sabemos existir sin unos ritos, sin unas obligaciones públicas, sin una disciplina que se nos imponga desde fuera y estimule y fuerce los resortes de nuestra creatividad, cada vez más perezosa o desilusionada. Algunos nos debemos a la servidumbre de un horario fijo y a unos hábitos de trabajo compartido, por mucho que a menudo nos quejemos de nuestra suerte y añoremos un tiempo de interminables vacaciones para entregarnos a nuestras aficiones particulares. Sólo así se entiende que hasta tres excompañeros recién jubilados, cada uno con más de treinta años de servicio y se supone que con unas ganas inmensas de ser libres para vivir otro modelo de vida, no hayan tenido que ponerse de acuerdo para que una rara inercia los acercara al instituto entre ayer y hoy.

viernes, 16 de septiembre de 2011

EL RICO, EL GUAPO Y EL MEJOR

Estábamos tan tranquilos saboreando los postres cuando, de pronto, se hizo la luz en la pantalla, callamos todos y se nos reveló en su sola persona la Santísima Trinidad, que se queja con acento luso y oficia su liturgia en el real atavío de un blanco inmaculado. Como no quiere abogado, que al parecer todos lo son del Diablo, ni tiene abuela digna de predicar sus dones, escupe su arrogancia trinitaria haciéndonos sentir que la modestia ya no es virtud, sino una conspiración de los débiles, y la humildad, un pecadillo de los tristes mortales que no saben ser los más ricos ni los más guapos ni los mejores. El nombre no es lo de menos: su manifestación en el Orbe solo podía darse bajo el signo de Cristiano. Y, claro, la envidia nos corroe.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

PLANETARIOS Y CÁNDIDOS

Se ha divulgado que a la vigente edición del Premio Planeta de Novela concurren 484 originales. No tengo interés ni curiosidad por averiguar el nombre del afortunado o afortunada ni del finalista o finalisto que seguramente ya saben que lo son, pero me temo que sendos receptores del cheque y los honores no serán escribidores del todo desconocidos para el mercadillo de las letras actuales (ojalá me equivoque y tenga que excusarme aquí mismo y copiar cincuenta veces que no volveré a decir..., etc., etc.). Lo que me fascina es que en un país como España haya todavía 482 personas, nada más y nada menos, que, siendo capaces de levantar con palabras la complejidad de una historia y de sostenerla durante trescientas o cuatrocientas páginas, derrochando en ello quién sabe cuántos meses o años de tenacidad e incertidumbre, cedan sin embargo a la farsa de remitirla a un concurso que la experiencia más elemental y el más común de los sentidos nos demuestran cada año que no lo es. De manera que lo que por mi parte pretendía significarse como otro grito indignado (para sumar dignamente a los que se oyen en las inmediaciones de la Puerta del Sol) ha acabado convirtiéndose en triste denuncia de la candidez que nos circunda, pues ella es la que robustece la legitimidad del próximo planetario o planetaria y del finalista o finalisto que hayan de serlo. Un año más.

martes, 13 de septiembre de 2011

ROMERÍA

Hoy han sacado de su residencia catedralicia la forma escultórica de la patrona del lugar y se la han llevado entre vítores, en procesión, al santuario erigido unos kilómetros arriba, en la montaña, de donde la volverán a bajar hacia la primavera del año que viene. Por eso me he aferrando a las sábanas y me he levantado tarde, con esta rara sensación de día de asueto local, exclusivo, a sabiendas de que el resto de la región y del país funciona con la normalidad de un martes de septiembre que desde las primeras horas se consagra a sus afanes cotidianos. Entre el desayuno tardío y la comida temprana he tenido tiempo de leer unas cuantas páginas, de amodorrarme de nuevo, de mirar al techo, de intuir dudosos objetivos para mis ya inminentes clases de literatura, de acordarme de Los pájaros de Hitchcock que volví a ver ayer y de enmarañarme en los ramales de poder de una iglesia que de tal manera condiciona el calendario de los ciudadanos, todavía. Ahora me voy a sacarle los colores a una acuarela que tengo empezada.